lunes, 20 de octubre de 2025

LAS EMBAJADAS


    Concluida la misión ordenada por el monarca, los mensajeros volvieron a Palacio. El Reino, volvió a llenarse de cárteles, a igual que los reinos vecinos. Pero ningún caballero, noble o pobre atendió a la llamada de su monarca, ninguno osó llamar a las puertas de aquel Palacio. Todos temían el mal humos de aquel viejo que ocupaba el trono de aquel Reino.

    Pasaron los días y comenzaron a llegar al Palacio del Monarca, comitivas de nobles y príncipes de otros reinos. Comitivas a caballo, rodeados los príncipes nobles y soldados, ricamente vestidos y que al pasar por las calles de aquel reino hicieron que muchos vecinos se asomaran a balcones, ventanas y puertas de sus casas. Los niños las seguían hasta que se perdían en el amplio patio de armas del palacio real, donde nunca salía el sol, ni la luna, ni las estrellas.

    Pocas horas, después, de entrar en el Palacio, las puertas del Patio de Armas se abrían, las comitivas abandonaban el lugar, con el mismo boato pero con las cabezas bajas de los príncipes o nobles que las encabezaban, cruzándose en su camino con una nueva comitiva, que con el mismo brillo llegaba al reino y que seguía atrayendo las miradas curiosas de los vecinos de aquel reino.

    Pasaron los días y las embajadas fueron disminuyendo hasta que ya no se vio ninguna por las calles del pueblo. Ningún caballero aceptaba la propuesta de aquel monarca y ningún vecino del reino quería visitar el palacio y escuchar la propuesta del monarca; mientras la arena en el reloj seguía cayendo.

Texto.- Víctor Hernández Mayoral.
Imagen.- Creada por Inteligencia Artificial.

miércoles, 8 de octubre de 2025

EL PALACIO ENCANTADO


    Presidía el reino, donde vivía Campanario, un hermoso palacio, con un jardín, donde debían florecer hermosas flores y árboles. Con tres estanques. En el que vivían, sólo, un viejo y malhumorado rey.

    El monarca vivía en este palacio, donde nunca salía el sol, ni la luna, ni las estrellas. Una bruja, un día, embrujó aquel lugar por la falta de caridad y el mal humor de aquel rey: "No volverá a asomarse ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, hasta que tú sonrías por cuatro veces al amanecer de cuatro días distintos, antes de que la arena de este reloj caiga por completo en este viejo reloj". Que dejo sobre una ventana que regía el día a día del palacio y ahuyentaba al sol, a las estrellas, a la luna.

    Durante muchos años, el rey vivió despreocupado por el maleficio de aquella bruja, mando tapar los espejos y cerrar las ventanas, en aquel palacio se instalo a vivir la tristeza. Hasta que una mañana descubrió su imagen en un espejo, la imagen de un viejo cascarrabias y sintió miedo. Miró el reloj de arena y vio que quedaba poca arena y a él poca vida. Y entonces el Monarca decidió hacer un anuncio que mandó a sus emisarios extender por todos el reino y por los reinos cercanos al suyo.

    Salieron mensajeros a todos los reinos vecinos, solicitando a los monarcas que ellos vivían el envío de embajadas que pudieran realizar un importante servicio a su reino, sin decir lo que esperaba de ellos. Prometiendo, sí conseguían lo que el Rey les pedía hacer, una importante recompensa. 

Texto.- Víctor Hernández Mayoral.
Imagen.- Creada por Inteligencia Artificial.

 

EL PREGÓN

    Una mañana se abrieron las puertas del Palacio Real, y Marcos, un hombre adulto, regordete; salió por ellas, camino de la plaza mayor de...