martes, 27 de enero de 2026

EL PREGÓN


    Una mañana se abrieron las puertas del Palacio Real, y Marcos, un hombre adulto, regordete; salió por ellas, camino de la plaza mayor de aquel reino.

    Llegó a la plaza, en la que había una fuente, donde las gentes de aquel reino todos los días llenaban sus cántaros de agua. Se paró ante aquella fuente, ajeno a las miradas burlonas de los habitantes de aquel reino ante su presencia; presencia que los divertía, ya que nunca habían visto un hombre vestido como aquel hombre.

    El hombre sacó una campanilla de plata que llevaba adherida a la faja que ceñía su calzón. Comenzó a hacer sonar aquel instrumento de forma frenética, llamando la atención de los habitantes de aquel reino que miraban curiosos y estupefactos los gestos del hombre que había salido del palacio de su monarca.

    Era ceca del mediodía. Campanario había bajado de la torre y estaba, como otros muchos vecinos de aquel reino, con su cántaro esperando el turno para coger el agua que habría de consumir durante la comida; de uno de los caños de aquella fuente donde el hombrecillo que había llegado del palacio seguía llamando la atención de los aldeanos con su campanilla. Campanario, como muchos otros, dejó el cántaro en el suelo, otros en una de las piedras de la fuente y formaron un corro alrededor de aquel hombre, la mayoría eran mujeres.

    Ante las miradas curiosas, el siseo de los vecinos, que no dejaban de prestar atención a lo que hacía o decía aquel exttaño hombre; ese sacó de su chaquetea un pliego y comenzó a leer:

    "Yo, el Rey, ordeno a todos mis súbditos que sepan cuidar jardines o huertos, acudan inmediatamente a mi Castillo, donde se les dará trabajo de inmediato. Yo el Rey".

    Concluido el pregón, el hombre se marchó de aquella plaza, buscando otra plaza donde leer la orden escrita por el Rey. 

    La gente, en la plaza, se reunió en corrillos, en los que comentaban aquel pregón. Campanario, el pequeño niño, cogió de la fuente su cántaro y sin hablar con nadie, como había venido, se alejó hacía la iglesia, para subir la escalera de caracol y volver a su hogar: el campanario de una de las torres de aquel reino. El suelo alfombrado de hojas, recién caídas de los árboles, fueron testigos de la idea que comenzaba a gestarse en la cabeza de aquel joven.

Autor.- Víctor Hernández Mayoral.
Ilustración.- Imagen creada con Inteligencia Artificial.

EL PREGÓN

    Una mañana se abrieron las puertas del Palacio Real, y Marcos, un hombre adulto, regordete; salió por ellas, camino de la plaza mayor de...